La puerta se abre y ni siquiera está mi sombra. No se si realmente se dará cuenta de mi ausencia o los días pasan sin consciencia ni emociones. Mientras tanto, yo la espero. Como se espera cada día el sol a la mañana, como se espera el arcoiris los días de lluvia con sol.
Recuerdo el día en que nos conocimos, y la manera en que pasamos juntas la puerta, la misma puerta en la que pasa ella sin mi. Y el día es áspero sin ella.
No se como decirle que de ahora en más, nuestra historia se plasma en visitas carentes de eternidad, de noches donde miremos por la misma ventana. No sé como decirle que hay alguien que cruza la misma puerta que cruzo yo, tal como ella lo hizo tiempo atrás.
No se como decirle que no me espere cada dia.
Las despedidas tienen de todo menos felicidad. La vida es un poco más dura cuando toca hacerlo. Crucé la puerta y le quité la rutina a nuestra historia. Me fui sin avisarle que de ahora en más es amarla a la distancia y abrazarla por todos aquellos días en la que no la abrazo.
Mi piel se agrieta y mis manos cuando no la acarician se vuelven hostiles. La noche es aún más oscura y sigo sin poder decirle que habrá alguien más que la cuide como yo lo hice durante tanto tiempo. La locura se instaló en mi corazón roto.
Sólo espero que ella no se de cuenta de mi ausencia, que se olvide de que no estoy, que no me deje de querer. Que no se olvide que la amo, con o sin rutina, a cada minuto, a cada hora, aunque no cruce todos los días la misma puerta en la que ella cruza.
Aunque no compartamos noches de lluvia.
Aunque no esté para entender cada gesto, aunque no esté para taparla cuando hace frío.
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