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Barajar y dar de nuevo, ante la premisa de solo ir y quedarme en los lugares que me hacen bien, dónde me hacen partícipe de un todo que vale.

Con el Universo siempre fui amiga, y le prometí entre una de las promesas que una hace ante quien es fiel, el brindarme por completo, ante todo, ante la vida misma.

Nunca le pedí nada a cambio y a cambio me lo dió todo.

La mayoría de veces, cómo premio a desafíos previos. Claro. Nada es gratis.

Y aquí estoy teniendo todo y empezado de cero.

Sabiendo agradecer y despedirme a tiempo teniendo en cuenta que las promesas que una escucha armando las valijas sólo sirven para asegurar el final.

Una da señales siempre antes de irse, hasta que pega el portazo definitivo y cierra con llave.

De los nuevos comienzos se trata, y una termina como en esos rituales de boda. Algo nuevo, algo prestado, algo viejo.

Una parte de mi conserva y otra se sabe principiante, de lo que en este presente me toca vivir.

Un par de girasoles y un adiós una tarde de llovizna.

La sonrisa de un amor que me acompaña a decir adiós a una parte de mi día a día que me instaba a la crisis y de vez en cuando al llanto.

De los nuevos comienzos se trata. La incertidumbre que se nubla de ansiedad.

El dormir a la mañana, a la tarde y a la noche. Recomponerse y armarse.

Que por tan sólo un momento el domingo sea lo mismo que un lunes o un miércoles. Que no exista reloj o que su existencia no me perjudique.

Despedirlo por la mañana, y quedarme en su casa. Obviar el centro de la ciudad y sus ruidos.

Despertarme con las huellas de la almohada en mi cara. Amigarme con esa parte de mi que pide tregua.

Mimarme y mimar a esa persona que sonríe cuando abre la puerta y me ve. El mismo que me dice buenas noches y buenos días. Al que elijo. El que forma parte de esta transición y me sostiene.

Barajar y dar de nuevo, caminando con el miedo abrazado a la felicidad, sabiendome elegida y habiendo elegido.


Jazmín Ortega Edelweis.

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