Nuevamente me encuentro en estos espacios, para honrar ya con la puerta entreabierta, este año que se va. Lo dejo irse, como se deja ir a las grandes cosas de la vida. Agradeciendo y con la esperanza más despierta que nunca en esta nueva oportunidad de empezar de nuevo.
Brindo por la que caminó al rayo del sol las calles de Buenos Aires, haciendo trámites para su entonces nuevo trabajo. La que subió cada escalón de los tribunales con la felicidad producto de la vocación.
Soy la que comenzó los primeros años del mes con un objetivo fijo en la mente, saliendo de casa a las seis para volver a las diez de la noche.
La que además de cursar todos los días, decidió enfrentar sus miedos y comenzar actividades nuevas para resolverlos.
La que esperó por horas en el pasillo de un hospital, sin que nada más le importara.
La que respiró nuevamente.
La que disfrutaba tanto su soledad, que no quería compartirse, hasta que su convencimiento se disolvía cada vez que lo veía cruzar el pasillo.
La que decidió manifestar lo que sentía y mostrarse como era.
La que se encontró haciendo planes que nunca hizo, la que se divirtió como nunca.
La que volvió a barajar en su vida profesional, cambiando el rumbo, viviendo la incertidumbre y dejando las cosas ser.
La que estudió en donde sea y como podía, para finalmente convertirse en la que bajó las escalinatas en el medio de los gritos y festejos de sus seres más queridos.
La que se convirtió en docente, y recibió la satisfacción de dar sus primeras clases.
La que viajó por primera vez fuera del país, marcando un gran momento en su vida.
La que amó y la que ama, cada día mas intensamente.
La que se permitió sentirse plena.
La que me hizo sentir orgullosa, fruto de todos esos años anteriores que brindé, sin dudas con no tanta euforia y alegría como con la que brindo hoy.
La que tiene un amor como ninguno y una de sus tantas metas cumplidas.
La que siempre quise ser de chica.
A la que fui en este 2024, gracias.
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