vivir en las estrellas

En las noches despejadas, me gusta mirar el cielo e imaginar a las estrellas como pequeñas casitas luminosas de un pueblito muy lejano.
   Algunas, cuando se dan cuenta que están siendo observadas, titilan mandando una señal en la distancia. 
  Otras son tan luminosas, que derrochan luz, y no se dejan ver desde la Tierra.
  No todos tienen una casita en las estrellas. Sólo gente que dejó una huella tan grande acá en el planeta, que el estar ahí es solo una pequeña recompensa.
  Gente que fue luz y dejó a su paso destellos, para combatir la penumbra de este mundo conflictuado.
  ¿Que hará la gente que vive en las estrellas? 
  ¿De qué estarán hechas las paredes?
   Cuando alguien se va, para vivir en las estrellas, se vuelve guía. Y a partir de ese momento, uno nunca va a estar solo. 
   Tener a una persona en ese sector vip del cielo, no es poca cosa. Pueden charlar con la luna más de cerquita, y pedirle que responda los pedidos que le hago antes de irme a dormir.
   Hace 10 años tengo a una persona que vive en las estrellas. Que dejó luz, para este mundo oscuro, y que cuando se da cuenta que lo veo desde mi terraza titila dos veces, para confirmarme que es él.
   Y yo lo saludo, de la misma manera en que lo saludaba cuando pasaba tocando bocina por la tarde cuando se iba a trabajar.
   Capaz de tanta distancia no me escuche, como tampoco me escuchaba cuando lo saludaba desde casa, pero ambos entendemos que el otro se dió cuenta y con eso basta.
   Cuando me pregunten por qué miro tanto el cielo, le voy a contar con orgullo, que se exactamente que hay un pueblito que vive en las estrellas y que lo sé de buena fuente.

    JAZMÍN ORTEGA EDELWEIS.
    
   
    

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