3 de octubre.

Me gusta pensar que la eternidad es un espacio finito en donde flotan un montón de esperanzas de distintos creadores. Cada tanto, me cuelgo analizando qué de todo lo que se dice y que uno cree como cierto, lo es realmente.
   Cuando no me invade el desenfreno de la rutina hambrienta de horas que no alcanzan, decido buscarte entre la multitud, solo para romper esa creencia de que todo tiene un fin cuando pierde su forma.
  Y te encuentro.
  Te encuentro en el subte, cuando un músico de repente comienza a tocar tu canción. Y me quedo sabiendo perfectamente lo que me estás tratando de decir en ese momento.
   Todo, absolutamente todo, está en perfecto desorden. Y esa es la única manera para que las pequeñas cosas de la vida adquieran sentido.
   Sigo mi camino, bajando y subiendo escaleras, cruzándome con miles de personas, algunas mucho más apuradas que yo, hasta volver a encontrarte.
   Y te encuentro. 
   Todo lo que me rodea tiene algo tuyo y es tan mágico que se vuelve certeza. Es ganarle al tiempo, es demostrar que el reloj de arena nunca termina de soltar su último grano, sino que se transforma.
   Desde la quietud hasta el caos. La serenidad de saber que el desorden de los días sin número ni mes, encuentra la manera de volvernos a encontrar.
   Darle un nuevo sentido a todo. Que el adiós se convierta en un encuentro repentino en alguna canción, o en la risa de todas las personas que amo, las mismas que te encuentran en algún lugar también.

      JAZMÍN ORTEGA EDELWEIS

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