CRÓNICAS DE MAYO

 

Los momentos felices arden en la salamandra y todo se convierte en polvo. El amor que me dio se desintegra como ya lo había hecho tiempo atrás en su mirada. No miro más la luna para no pensar en nada más que en este día que tengo por delante.

    Limpié cada rincón y discutí con mi mente que me hacía pensarlo con nostalgia. Me quedé en absoluto silencio observando como cada parte de mi intentaba recomponerse.

   Todos estos días fui una con el polvo, y el desorden que me rodeaba era mi reflejo. Hoy, tomé la decisión de ordenar para ordenarme y así, abrazar al dolor desde otra perspectiva.

  No hay emoción que no haya transitado, y no hay dolor que no me haya hecho más fuerte. Descanso con la certeza de que algún día voy a despertar sin haberlo llorado el día anterior.

 Mientras tanto, se acerca la noche y es uno mi deseo: que mañana me duela un poco menos de lo que me duele hoy.

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