Mis urgencias y las preocupaciones de los demás

 Cuando se fue, lo único que me dejó, además de un gran vacío en mi placard, fue incertidumbre.  Yo, que había sido la protagonista de ese final tan atroz como predecible, no entendía nada de lo que había ocurrido.

   Me dio un beso de despedida y se marchó, mientras de fondo sonaba un canal de noticias con las mismas urgencias de siempre que ya mi cerebro parecía no receptarlas. Quizás, fue debido a que lo que otros tenían como urgente, para mí no lo era. El motivo de mi preocupación era ya no tener sus zapatos secándose con el sol que ingresaba por el hall de casa o no oler el café que hacía bien temprano a la mañana, dejándomelo listo para que lo disfrute horas después.

  Se ve que lo urgente siempre fue y será tan solo un punto de vista.

  El día posterior a su abandono, me planteé el escenario del conflicto casi, según tengo contados por las veces que golpeé la mesa, como quince abolladuras. Y de las fuertes, que significan no hallar una respuesta certera.

  Si todo le di…

Pasaron unos meses de que los zapatos no se desinfectaban con la luz del sol, y que ya la casa no olía a ese café tan exquisito. Ponía el mismo canal, segura de que las noticias de tragedia iban a ser las mismas de siempre, para encontrar algún tipo de respuesta mística del Universo, la Galaxia, o quién sabe qué, y de esa forma, poder seguir con mi vida, con el orgullo menos golpeado. Sin embargo, hasta el día de hoy, no encontré absolutamente nada.

Quizás fui muy buena o, al contrario, di su amor por hecho.

Quien sabe, probablemente las preocupaciones que él me expresaba para mí no eran tan urgentes y ni siquiera las escuchaba, tal como al canal de noticias. Pero ya es tarde. Viviré por siempre desesperada por encontrarle una respuesta a mi interrogante pero cegada por el orgullo, teniendo plena conciencia en que nada hice y nada haré para cambiar lo que ocurrió.

Mientras tanto, pensaré que estoy en lo cierto al afirmar que todo le di, que en nada fallé, para poder seguir tolerando estas mañanas con aroma a nada y así, seguir sosteniendo, que todo lo que siento es urgente, pero no las urgencias de los demás.

Jazmín Ortega Edelweis.

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