incertidumbre implantada

Le juró por lo que mas quería que lo que decía era cierto. Cubrió su palabras de seda para que el mismo llegara a sentirlas.
  El cielo está gris, como la tarde en la que te dije por primera vez que te quería- le dijo. Pero ya nada bastaba.
  Habian llegado a el rumores perversos, palabras sin sentido alguno, y eso le había quebrado por completo su indeciso corazón, que un día la quería, y por otros la ignoraba.
   El café se enfriaba mientras el la miraba perplejo, viendo el antiguo reloj de madera que se encontraba en la pared de la cafetería,  y analizando, que quizas era el momento justo para decirse adiós.
   No emitió palabra alguna y eso que le había preguntando hasta al hombre del puesto de diarios donde compraba cada domingo, qué pensaba de la situación.
  Todos le dijeron lo mismo. Yo tambien oí que con todo el mundo habla pestes de vos, le decían. 
   El otro día- le dijo la panadera de un local donde solo vendían medialunas secas y sin gusto- la hija de la nieta de mi vecina me contó que la amiga de su amiga le dijo que tu novia contaba de vos barbaridades.
   El se sorprendió porque varías personas de su barrio le contaban lo mismo, sin embargo ninguno de ellos le detallaba qué tipo de cosas justamente vociferaba la chica. 
  Ah no, barbaridades que ni te cuento.
   Todo acababa confundiendolo, a tal punto, que la quería de manera asustadiza, por miedo a que lo que le contaba el diariero, la panadera que vendía medialunas secas y sin gusto, la amiga de la prima de no se quién, y el peluquero casi sordo, llegaran a ser ciertas.
   Se retiró de la cafetería, sin responderle, con el café frio en la garganta, y con la única conclusión certera: tenía una incertidumbre implantada y un amor que a pesar de que le explicaba que no era cierto nada de lo que le habían contado, por las dudas alejaba.

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